—Bueno. ¿Os falta alguno para venir a comer?

—No.

—Pues entonces, manda que traigan la comida, porque este amigo y yo estamos ya con hambre.

—¡Patrona! A ver esa sopa.

Aviraneta y Leguía habían conservado los puestos que ocupaban en la mesa.

El jefe se sentó a la derecha de Aviraneta, y los demás oficiales se fueron acomodando donde les vino bien.

—¿Este joven es amigo tuyo?—preguntó el jefe a Aviraneta.

—Sí, es mi secretario; Pedro Leguía. Pello, este coronel es el famoso Martín Zurbano, terror de los carlistas.

Leguía se levantó; Zurbano hizo lo mismo, y se estrecharon la mano gravemente.