—¡Viva!

La charanga volvió a tocar el himno de Riego aun con más brío.

Pello quedó asombrado al mirar a Aviraneta. Estaba pálido de la emoción, con las lágrimas en los ojos.

—Maestro, está usted emocionado. El aire de la Libertad le emborracha.

—Sí; es verdad.

—¡Si le llegan a usted a ver en el balcón las Piscinas!—añadió Pello, burlonamente.

Aviraneta sonrió, y tuvo que limpiarse disimuladamente los ojos.

V.
POR EL CAMINO