—¡Viva!
La charanga volvió a tocar el himno de Riego aun con más brío.
Pello quedó asombrado al mirar a Aviraneta. Estaba pálido de la emoción, con las lágrimas en los ojos.
—Maestro, está usted emocionado. El aire de la Libertad le emborracha.
—Sí; es verdad.
—¡Si le llegan a usted a ver en el balcón las Piscinas!—añadió Pello, burlonamente.
Aviraneta sonrió, y tuvo que limpiarse disimuladamente los ojos.