—Esta es tu opinión, Pello; pero no la mía. En fin, dejemos eso. En este cuadernito tengo los apuntes y las fechas, por si alguna vez escribo mis Memorias para confundir a mis enemigos. Repito: si te aburre, dímelo.
—Venga esa historia—dijo Leguía, encendiendo un cigarro y tendiéndose en su improvisado diván.
Aviraneta se acercó al quinqué; abrió su cuaderno, sacó su lente y comenzó su narración.
II.
LAS DOS INFLUENCIAS
Soy un hombre de mala suerte, mi querido Pello, en parte mitigada por mi fuerza de voluntad grande. Soy de esos que no se desaniman fácilmente, ni consideran que una causa está perdida hasta que no ven medio alguno de encontrar una solución. No tengo nada de místico; ni creo que haya en el mundo más que fuerzas naturales; pero, aunque tuviera la sorpresa de encontrarme después de muerto con el infierno, no lo podría considerar como una cosa definitiva e irremediable, y mientras alentara, pensaría en buscar recursos para mejorar mi situación. La esperanza no la abandonaría nunca.
Mi filosofía, si es que a un político aventurero se le permite tener filosofía, ha sido siempre esa: trabajar con entusiasmo para conseguir las cosas, y cuando no las he conseguido, quedarme tranquilo y renunciar a ellas sin dolor alguno.
Como hombre de mala suerte, he sufrido bastantes desgracias; he presenciado catástrofes, derrotas, incendios, matanzas; patriota entusiasta, he sido testigo de dos invasiones extranjeras y del desmoronamiento del imperio colonial español; liberal y progresista, he visto a mi país padeciendo las reacciones más bárbaras; me ha herido la calumnia y el descrédito, privándome de todas las armas cuando necesitaba más de ellas; he pasado por casi todas las cárceles de España; he estado muchas veces a punto de ser fusilado... y, sin embargo, si volviera a vivir, volvería a hacer lo mismo de lo que hice.
—Hay que ser consecuente—murmuró Leguía, lanzando una bocanada de humo al aire.
—Lo dices con cierta sorna—replicó Aviraneta—. Ya sé que en el fondo te burlas de los de mi época. Los jóvenes de hoy vais siendo demasiado positivistas.