V.
NUEVOS TRABAJOS DEL AVENTINO
Un día se presentaron dos jóvenes en casa, a buscarme.
Me traían una carta de Etchepare. Les hice pasar a mi cuarto y hablamos.
Eran militares y estaban de guarnición en Behovia. En el curso de la conversación me dijeron que se estaba conspirando seriamente en Francia contra Bonaparte, y en España contra Carlos IV. Uno de los militares se llamaba Gontrán de Frassac. Era joven, gascón, teniente de dragones. El otro, Horacio Sanguinetti de nombre, era italiano, de más edad; tenía grado de capitán.
El gascón era un buen muchacho de cabeza ligera, republicano por romanticismo, más aficionado a beber, a cantar y a seguir a las muchachas que a ocuparse de política. Era exagerado en todo, y hablaba intercalando en sus palabras los Pardi y los Sacrebleu.
El italiano era hombre frío, reconcentrado, muy patriota y muy fanático.
Les dije a los dos cómo había formado una sociedad secreta titulada El Aventino y les presenté a la mayoría de los afiliados.
Para celebrar el conocimiento tuvimos una comida los dos oficiales franceses y los socios del Aventino en el caserío Chapartiena, en Azquen Portu, a orillas del Bidasoa.