—El barco que han tomado esta señora y esta señorita.
—¿Va usted con ellas?
—Sí; soy de la familia.
—¿A Santander?
—Sí. A Santander.
—¿Un pasaje de primera?
—Eso es.
El de la oficina escribió algo en unos papeles; Leguía sacó el dinero que le pidieron, lo dejó en la ventanilla y se fué a la calle.
—Cualquiera diría que acabo de hacer un disparate—murmuró Pello—, y ¿quién sabe?; quizá sea lo único prudente que he hecho hasta ahora. Además, que lo mismo da vivir aquí que en otra parte.
Leguía fué a su casa; comió, escribió una carta al principal y comenzó a hacer su maleta.