—¿Usted sabe dónde vive don José Juan Gaztelumendi?
—¿El cosechero de vinos?
—Sí.
—Ahí; cerca de la plaza tiene el almacén.
Pello entró en el pueblo por la puerta de San Juan y se dirigió a la plaza. Pronto dió con el almacén de su tío.
Abrió una puerta de cristales y pasó a un sitio largo y estrecho, con un mostrador, un armario lleno de botellas y una ventana en el fondo. Una muchacha, vestida de luto, se levantó al ver a Leguía.
—¿El señor Gaztelumendi?—preguntó Pello.
—Aquí es—contestó la muchacha—. ¿Quiere usted verle?
—Sí; si no está muy ocupado.
La muchacha recorrió el pasillo y llamó en una puerta: