—¿Qué hay?—dijeron de adentro.

—Un caballero que pregunta por ti.

—Que pase.

Pello entró en un despacho, con una ventana grande, donde escribía un hombre todavía joven.

—He tenido que pasar por Laguardia—dijo Pello—, y vengo a visitarle a usted de parte de su prima María, de Vera.

—¡Hombre! ¿Es usted de allá?

—Sí; yo soy el hijo mayor de María.

—¿Mi sobrino, entonces?

—Sí.

—¿Pello?