—Eso es; Pello.

—Me alegro de verte, chico. ¡Anita! ¡Anita!—exclamó el señor.

La muchacha de luto, que era una morena de ojos negros muy hermosos, entró en el despacho.

—Aquí tienes a tu primo Pedro de Vera. ¡Mírale, qué grande y qué guapo!

La Anita se acercó, sonriendo, algo ruborizada.

—¿Y cómo están tu madre y tus hermanos?—preguntó el tío de Pello.

—Bien. Muy bien. Ya hace tiempo que no les veo. He estado fuera de casa, en San Sebastián, en un comercio.

—¿Y qué piensas hacer?

—Tengo pensado ir a América.

—¿Estás muy decidido?