Corito le preguntaba muchas veces si era verdad que iba a casarse con su prima Anita, como decían en el pueblo.

—No. ¡Ca!—contestaba él.

—Pues es una chica bonita y rica.

—Sí; pero ya tiene su novio.

La gente decía que al padre de la muchacha, a Gateluzmendi el cosechero, no le disgustaría casar a su hija con su sobrino Pedro.

Corito coqueteaba con Pello; quería sacarle de su impasibilidad habitual, y lo conseguía; pero al mismo tiempo que él se iba enamorando, ella también se interesaba cada vez más.

ANTONIO ESTÚÑIGA

Uno de los muchachos que se había hecho amigo de Pello, buscando su arrimo, era Antonio Estúñiga, el hijo de un rico hacendado de Viana.

Antonio Estúñiga era un mozo acostumbrado a imponer su voluntad, violento y cerril; hacía la corte a Luisita Galilea, pero con un amor un poco bárbaro y plebeyo.

Luisita era romántica; estaba bajo la influencia de Graciosa de San Mederi, y ésta le había convencido de que era indispensable someter a prueba al joven Estúñiga. Según Graciosa, para conseguir el amor de una señorita distinguida había que hacer grandes méritos, soportar fatigas, penalidades, y hablar del Norte, del imán, del girasol; no basta decir: «tengo tanto para vivir»; esto era una cosa grosera, vulgar, impropia de gente delicada.