—«Unchía».
—¿De manera que tú sabes el vascuence bien?
—Sí, bastante bien.
—Tu padre también lo sabía muy bien. ¡Las veces que le habré oído cantar zortzicos en Bayona. ¡Ya hace tiempo! Se va uno haciendo viejo de verdad.
El viajero indicó que se marchaba al parador; estaba enfermo con dolores reumáticos y no le convenía el aire de la noche. Se despidió de Leguía, diciéndole que fuera a verle; dió un beso en la mejilla a Corito, y se marchó renqueando.
Al poco rato, como la sombra, apareció en la plaza el hombre de la zamarra; cruzó por los arcos del Ayuntamiento y entró en la puerta de San Juan.
UN HOMBRE ENIGMÁTICO
Antes de despedirse oyó Pello que el señor de la Piscina y el de Ribavellosa hablaban del padrino de Corito.
—Debe ser hombre inteligente, ¿eh?—dijo él, mezclándose en la conversación.