—¿Entonces será liberal?
—Liberalísimo. Un revolucionario impenitente.
Pello no replicó. El padrino de Corito resultaba un tipo raro y ambiguo. Los unos le tenían por carlista entusiasta, los otros por un revolucionario.
No podía ser las dos cosas al mismo tiempo; más fácil era que no fuese ninguna de las dos, y que aparentase, según sus conveniencias, profesar tan pronto una opinión como otra.
Realmente, su actitud era un poco misteriosa. Había estado en casa de las Piscinas, había tenido una conferencia con Salazar y saludado a las de Echaluce. Para que nada faltara estuvo media hora en la botica y un momento en el café de Poli.
Aquel viajero audaz había pasado todos los Rubicones laguardienses como quien salta un charco.
—¿Quién era este hombre? ¿Qué buscaba?
III.
TRAIDOR, ESPÍA Y MASÓN
Al día siguiente, por la tarde, trabajaba Pello en el escritorio cuando vió pasar varias veces a Antonio Estúñiga; Antonio se mostraba indeciso, sin atreverse a entrar; pero, al fin, se decidió y, cruzando el almacén, se plantó en el despacho.