—Y ¿cómo se llama ese hombre?—preguntó Leguía.
—Eugenio de Aviraneta.
—Tiene apellido vascongado.
—¡Vete a saber si se llamará así!—exclamó Estúñiga.
—Sí, así se llama—replicó el de la zamarra—. Su nombre es bastante conocido.
—Y ¿serán verdad todos sus crímenes?—preguntó Leguía.
—Lo son.
Y el hombre de la zamarra sacó del bolsillo cuatro o cinco recortes de periódicos en donde se hablaba del infame, del malvado Aviraneta.
El Raposo se puso unos anteojos de hierro grandes, y estuvo leyendo con atención los recortes.