—¿Dónde los has cogido?—le preguntaba Luisito.
—En un sitio que yo sé—contestaba el Roch, que no quería comunicar sus secretos.
También en las cuevas vivían otros dos merodeadores, de unos catorce a quince años, amigos de Luisito: el Choriset y el Chitano.
El Choriset era un troglodita, con el espíritu de un hombre primitivo. Su cabeza, su tipo, su expresión eran de un bereber.
Andrés solía hacerle preguntas acerca de su vida y de sus ideas.
—Yo, por un real, mataría a un hombre—solía decir el Choriset, mostrando sus dientes blancos y brillantes.
—Pero te cogerían y te llevarían a presidio.
—¡Ca! Me metería en una cueva que hay cerca de la mía, y me estaría allá.
—¿Y comer? ¿Cómo ibas a comer?