—Eso a ti no te importa—contestó Margarita enfadada.
—Bueno; lo que voy a hacer yo es ver si me dan una plaza de médico de pueblo y llevar al chico. Lo tendré unos años en el campo, y luego que haga lo que quiera.
En esta incertidumbre, y sin saber si iban a quedarse o marcharse, se presentó en la casa una señora de Valencia, prima también de don Pedro. Esta señora era una de esas mujeres decididas y mandonas que les gusta disponerlo todo. Doña Julia decidió que Margarita, Andrés y Luisito fueran a pasar una temporada a casa de los tíos. Ellos los recibirían muy a gusto. Don Pedro encontró la solución muy práctica.
—¿Qué os parece?—preguntó a Margarita y a Andrés.
—A mí, lo que decidáis—contestó Margarita.
—A mí no me parece una buena solución—dijo Andrés.
—¿Por qué?
—Porque el chico no estará bien.
—Hombre, el clima es igual—repuso el padre.
—Sí; pero no es lo mismo vivir en el interior de una ciudad, entre calles estrechas, a estar en el campo. Además, que esos señores parientes nuestros, como solterones, tendrán una porción de chinchorrerías y no les gustarán los chicos.