—Sí.

—Ah, pues aquí me quedo—dijo Andrés.

—Bueno, como usted quiera; se blanqueará, se barrerá y se traerá la cama.

Sánchez se fué y Andrés habló con su nueva patrona.

—¿Usted no tendrá una tinaja inservible?—le preguntó.

—¿Para qué?

—Para bañarme.

—En el corralillo hay una.

—Vamos a verla.