—Sí; ahora ha puesto una clínica. El año pasado me prometió protegerme. Tenía una plaza en el ferrocarril, y me dijo que cuando no la necesitara me la cedería a mí.

—¿Y no te la ha cedido?

—No; la verdad es que todo es poco para sostener su casa.

—¿Pues qué hace? ¿Gasta mucho?

—Sí.

—Antes era muy roñoso.

—Y sigue siéndolo.

—¿No avanza?

—Como médico poco, pero tiene recursos: el ferrocarril, unos conventos que visita; es también accionista de «La Esperanza», una sociedad de esas de médico, botica y entierro, y tiene participación en una funeraria.