—No, no; eso nunca. Yo no salgo de Madrid.

—Y los demás, ¿qué han hecho?—preguntó Andrés—. ¿Dónde está aquel Lamela?

—En Galicia. Creo que no ejerce, pero vive bien. De Cañizo no sé si te acordarás...

—No.

—Uno que perdió curso en Anatomía.

—No, no me acuerdo.

—Si lo vieras, te acordarías en seguida—repuso Montaner—. Pues este Cañizo es un hombre feliz; tiene un periódico de carnicería. Creo que es muy glotón, y el otro día me decía: Chico, estoy muy contento; los carniceros me regalan lomo, me regalan filetes... Mi mujer me trata bien; me da langosta algunos domingos.

—¡Que animal!

—De Ortega si te acordarás.

—¿Uno bajito, rubio?