—Sí.

—Me acuerdo.

—Ese estuvo de médico militar en Cuba, y se acostumbró a beber de una manera terrible. Alguna vez le he visto y me ha dicho: Mi ideal es llegar a la cirrosis alcohólica y al generalato.

—De manera que nadie ha marchado bien de nuestros condiscípulos.

—Nadie o casi nadie, quitando a Cañizo con su periódico de carnicería y con su mujer que los domingos le da langosta.

—Es triste todo eso. Siempre en este Madrid la misma interinidad, la misma angustia hecha crónica, la misma vida sin vida, todo igual.

—Sí; esto es un pantano—murmuró Montaner.

—Más que un pantano es un campo de ceniza. Y Julio Aracil, ¿vive bien?

—Hombre, según lo que se entienda por vivir bien.