—¿Y no te convendría limitarte un poco?—le preguntó Andrés.

—¿Para qué? ¿Para vivir cuando sea viejo? No, no; ahora mejor que nunca. Ahora que es uno joven.

—Es una filosofía; no me parece mal, pero vas a inmoralizar tu casa.

—A mí la moralidad no me preocupa—replicó Julio—. Aquí, en confianza, te diré que una mujer honrada me parece uno de los productos más estúpidos y más amargos de la vida.

—Tiene gracia.

—Sí, una mujer que no sea algo coqueta no me gusta. Me parece bien que gaste, que se adorne, que se luzca. Un marqués, cliente mío, suele decir: Una mujer elegante debía tener más de un marido. Al oirle todo el mundo se ríe.

—¿Y por qué?

—Porque su mujer, como marido no tiene más que uno; pero, en cambio, amantes tiene tres.

—¿A la vez?

—Sí, a la vez; es una señora muy liberal.