—Muy liberal y muy conservadora, si los amantes le ayudan a vivir.
—Tienes razón, se le puede llamar liberal-conservadora.
Llegaron a la casa del cliente.
—¿Adónde quieres ir tú?—le preguntó Julio.
—A cualquier lado. No tengo nada que hacer.
—¿Quieres que te dejen en la Cibeles?
—Bueno.
—Vaya usted a la Cibeles y vuelva—le dijo Julio al cochero.
Se despidieron los dos antiguos condiscípulos y Andrés pensó que por mucho que subiera su compañero no era cosa de envidiarle.