—Julio.

—¿De veras?

—Sí.

—Ya ve usted, cómo no es tan mala persona, como usted decía.

—Oh, igual; lo mismo que yo creía o peor. Ya se lo contaré a usted. Y usted ¿qué ha hecho? ¿Cómo ha vivido?

Andrés contó rápidamente su vida y sus luchas en Alcolea.

—¡Oh! ¡Qué hombre más imposible es usted!—exclamó Lulú—. ¡Qué lobo!

El señor de los anteojos, que estaba de conversación con doña Leonarda, al ver que Lulú no dejaba un momento de hablar con Andrés se levantó y se fué.

—Lo que es si a usted le importa algo por Lulú, puede usted estar satisfecho—dijo doña Leonarda con tono desdeñoso y agrio.