—¿Por qué?
—Es mi opinión; a mí me parece una mujer cerebral, sin fuerza orgánica y sin sensualidad, para quien todas las impresiones son puramente intelectuales.
—¡Qué sé yo! No estoy conforme.
Aquella misma noche Andrés pudo ver que Lulú trataba demasiado desdeñosamente al farmacéutico.
Cuando se quedaron solos, Andrés le dijo a Lulú:
—Trata usted muy mal al farmacéutico. Eso no me parece digno de una mujer como usted, que tiene un fondo de justicia.
—¿Por qué?
—Porque no. Porque un hombre se enamore de usted, ¿hay motivo para que usted le desprecie? Eso es una bestialidad.
—Me da la gana de hacer bestialidades.
—Habría que desear que a usted le pasara lo mismo, para que supiera lo que es estar desdeñada sin motivo.