—¿Y usted sabe si a mí me pasa lo mismo?
—No; pero me figuro que no. Tengo demasiada mala idea de las mujeres para creerlo.
—¿De las mujeres en general y de mí en particular?
—De todas.
—¡Qué mal humor se le va poniendo a usted, don Andrés! Cuando sea usted viejo no va a haber quien le aguante.
—Ya soy viejo. Es que me indignan esas necedades de las mujeres. ¿Qué le encuentra usted a ese hombre para desdeñarle así? Es un hombre culto, amable, simpático, gana para vivir...
—Bueno, bueno; pero a mí me fastidia. Basta ya de esa canción.