—Sí.

—Ahora siéntese usted a mi lado.

—¿A su lado de usted?

—Sí.

—Ahora míreme usted a los ojos. Lealmente.

—Ya le miro a los ojos. ¿Hay más que hacer?

—¿Usted cree que no la quiero a usted, Lulú?

—Sí..., un poco..., ve usted que no soy una mala muchacha..., pero nada más.

—¿Y si hubiera algo más? Si yo la quisiera a usted con cariño, con amor, ¿qué me contestaría usted?