—No; no es verdad. Usted no me quiere. No me diga usted eso.
—Sí, sí; es verdad—y acercando la cabeza de Lulú a él, la besó en la boca.
Lulú enrojeció violentamente, luego palideció y se tapó la cara con las manos.
—Lulú, Lulú—dijo Andrés—. ¿Es que la he ofendido a usted?
Lulú se levantó y paseó un momento por la tienda, sonriendo.
—Ve usted, Andrés; esa locura, ese engaño que dice usted que es el amor, lo he sentido yo por usted desde que le vi.
—¿De verdad?
—Sí, de verdad.
—¿Y yo ciego?
—Sí; ciego, completamente ciego.