Aquel estado de serenidad le daba una gran lucidez y mucho método en sus trabajos. Los estudios de síntesis que hizo para la revista médica tuvieron gran éxito. El director le alentó para que siguiera por aquel camino. No quería ya que tradujera, sino que hiciera trabajos originales para todos los números.
Andrés y Lulú no tenían nunca la menor riña; se entendían muy bien. Sólo en cuestiones de higiene y alimentación, ella no le hacía mucho caso a su marido.
—Mira, no comas tanta ensalada—le decía él.
—¿Por qué? Si me gusta.
—Sí; pero no te conviene ese ácido. Eres artrítica como yo.
—¡Ah, tonterías!
—No son tonterías.
Andrés daba todo el dinero que ganaba a su mujer.
—A mí no me compres nada—le decía.
—Pero necesitas...