IV
TENÍA ALGO DE PRECURSOR
Cuando llegó el embarazo a su término, Lulú quedó con el vientre excesivamente aumentado.
—A ver si tengo dos—decía ella riendo.
—No digas esas cosas—murmuraba Andrés exasperado y entristecido.
Cuando Lulú creyó que el momento se acercaba, Hurtado fué a llamar a un médico joven, amigo suyo y de Iturrioz, que se dedicaba a partos.
Lulú estaba muy animada y muy valiente. El médico le había aconsejado que anduviese, y a pesar de que los dolores le hacían encogerse y apoyarse en los muebles, no cesaba de andar por la habitación.
Todo el día lo pasó así. El médico dijo que los primeros partos eran siempre difíciles; pero Andrés comenzaba a sospechar que aquello no tenía el aspecto de un parto normal.
Por la noche, las fuerzas de Lulú comenzaron a ceder. Andrés la contemplaba con lágrimas en los ojos.