—Sí, he estado de media guardia en el hospital.
—¿Qué, no va usted a bailar?
—Yo no sé.
—¿No?
—No. ¿Y usted?
—Yo no tengo ganas. Me mareo.
Casares se acercó a Lulú a invitarle a bailar.
—Oiga usted, negra—la dijo.
—¿Qué quiere usted, blanco?—le preguntó ella con descaro.
—¿No quiere usted darse unas vueltecitas conmigo?