—No, señor.
—¿Y por qué?
—Porque no me sale... de adentro—contestó ella de una manera achulada.
—Tiene usted mala sangre, negra—le dijo Casares.
—Sí, que usted la debe tener buena, blanco—replicó ella.
—¿Por qué no ha querido usted bailar con él?—le preguntó Andrés.
—Porque es un boceras; un tío antipático, que cree que todas las mujeres están enamoradas de él. ¡Que se vaya a paseo!
Siguió el baile con animación creciente y Andrés permaneció sin hablar al lado de Lulú.
—Me hace usted mucha gracia—dijo ella de pronto, riéndose, con una risa que le daba la expresión de una alimaña.