Yo, desde el punto donde estaba, oía los estampidos de los trabucos y los disparos regulares de los franceses.

En aquel ataque primero cayeron muchos de los nuestros y de los suyos.

Por lo que me dijeron, de los nuestros murieron el Matute, el Canene y Veneno, que dirigieron el ataque, y quince ó veinte de los peseteros.

CARGAMOS LOS DEL BRIGANTE

A puro embestidas y metrallazos de trabuco llegaron los nuestros á abrir brechas en la formación del enemigo.

Hubo un momento en que los dragones de á pie cedieron, y llegaron hasta mí los gritos y las voces de triunfo que daban los guerrilleros.

Estos se lanzaban á un ataque general por el frente y por los flancos.

El combate estaba en el momento álgido. Merino conservaba todavía el grueso de su fuerza en reserva para emprender el ataque del centro enemigo. Apareció el gallardete blanco que nos ordenaba aproximarnos; de prisa me reuní con mi escuadrón y, remontando una loma, nos colocamos á un tiro de fusil del lugar de la pelea.

Se acercaba el momento de la carga.

El Brigante, Lara, el Tobalos y yo marcharíamos á la cabeza del escuadrón; detrás irían el Lobo de Huerta y el Apañado, cada uno con un vergajo para no permitir que nadie se rezagase.