SE FUSILA
Echamos á andar Lara y yo hacia la casa del Padre Eterno, y vimos una patrulla de veinte hombres. Nos acercamos á ellos á ver qué pasaba.
Iban á fusilar al sargento afrancesado cogido la tarde anterior y á dos guerrilleros.
A uno de los guerrilleros le habían encontrado haciendo un agujero en el suelo de una tenada. Era el Manquico. Al verle escarbar un oficial le había preguntado:
—¿Qué guardas ahí?
—Un paquete de balas.
El oficial, sospechando algo, había removido una hora después en el suelo de la tenada y encontrado una bolsa llena de oro. El otro guerrillero del Jabalí había sacado al dueño de una serrería cincuenta duros amenazadoramente, diciendo que eran para Merino. Los dos guerrilleros y el sargento afrancesado acababan de ser juzgados en juicio sumarísimo.
A los tres los sacaron de una casa donde estaban presos. El guerrillero del Jabalí se hallaba herido y tuvieron que llevarlo en un banco al lugar del suplicio.
El sargento afrancesado, ya limpio, tenía buen aspecto.