Era un joven de mirada viva, de pelo rubio; sin duda algún muchacho ambicioso que había pensado hacer una rápida carrera con los franceses. Marchaba al suplicio con una firmeza audaz y desdeñosa.
Como la luz del alba no alumbraba bastante y no querían perder tiempo, habían puesto dos hachones de tea encendidos, y á la luz de sus llamas iban á fusilar á los tres hombres.
VIII
PERSECUCIÓN DEL CORONEL
Presenciábamos tan horribles preparativos, cuando de una casa próxima salió Merino. Iba á emprender su ronda de la mañana. Señaló el cura al capitán de la compañía el sitio para fusilar á los tres hombres y luego se acercó á mí.
—¡Echegaray!
—A la orden, mi coronel.
—Así me gusta á mí la gente. Sin pereza. Lara tiene malas trazas. ¿Has dormido mal?
—No; muy bien, mi coronel.