Preparamos el alojamiento, y yo di una vuelta al pueblo en compañía de Lara.
—Amigo Lara—le dije cuando nos vimos solos—, ¿tú crees que podríamos contar con nuestra gente?
—Según para qué.
—Para marcharnos hacia la Alcarria á reunirnos con el Empecinado.
—¿Dejando á Merino?
—Sí.
—Suponía que estabas tramando algo.
—Bien; ¿y qué opinas?
—Que no contamos con la gente para eso.