—Sí.
—¿Y no habló nada de sus enredos?
—No.
—¡Qué gracioso! Pues él también estuvo viviendo con una mujer y á punto de casarse con ella. Una tal Fermina.
—¿Fermina la Navarra?
—Sí. ¿Qué le contó á usted más Eugenio?
—Que usted había conquistado á la Riojana por su manera de hablar enrevesada; que usted no hacía mas que comer...
—¡Qué canalla! ¡Ese bizco tiene más mala intención!... ¿Ya le dijo á usted que á él le llamaban el Pisaverde?
—Sí.
Había notado que entre Ganisch y Aviraneta existía, así como por debajo de su amistad, un fondo de envidia y de odio, y escarbando en él conseguí que Ganisch contara todo cuanto sabía.