Eso de saber manejar la pluma es cosa de mucha importancia.

Como Eugenio nunca ha sido fuerte, á los tres ó cuatro meses de estar en el campo durmiendo en el suelo y recibiendo nieves y chaparrones tuvo un ataque de reumatismo (erreumatismo, decía Ganisch) y le fué necesario quedarse en cama.

Yo fuí á cuidarle, más que nada, por no andar de maniobras.

Tanto subir y bajar montes y mojarme me tenía aburrido.

Estaba ya soltero, porque la Riojana se me había marchado con el cura. Le pedí permiso á éste para ir á cuidar á Eugenio, y Merino me dijo:

—Sí, sí; vete.

Claro, quería tenerme lejos de la Riojana.

Luego me preguntó:

—¿Qué le pasa á Eugenio?

—Está baldado por el reuma.