—Ella se ponía como una fiera y le decía: ¡Canalla! ¡Bizco! ¡Quisiera que te murieras de repente!
—Ya lo sé—contestaba él.
Luego hacían las paces. La Fermina tenía un genio imposible; se mostraba dominadora, violenta, sanguinaria. Eso sí, para la gente pobre era buena.
II
LA HIJA DE MARTINILLO
—Supongo que Eugenio—siguió diciendo Ganisch—le habrá contado y ponderado los combates de la partida del cura. Es muy amigo de dar importancia á todos los sucesos donde interviene él.
—Pero la acción de Hontoria del Pinar, ¿no fué importante?—pregunté yo.
—¡Bah!—murmuró Ganisch.
—¡Cómo, bah! ¿No lucharon ustedes con un escuadrón francés numeroso?