—Sí.
—¿No hubo muchos muertos y heridos?
—Sí; creo que sí.
—Es extraño. ¿No se acuerda usted bien de esa acción?
—Sí; algo me acuerdo. Estuvimos en un pinar durmiendo en el campo, y todos los días aseguraban que venían, y luego que no venían... Bueno; pues una mañana dijeron que los franceses acababan de pasar por el camino. Yo no les vi.
Esperamos en un punto, y luego tuvimos que ir á otro sitio, y luego á otro. Después dimos una carga, y como no se pudo romper la formación francesa, comenzamos á pelear unos cuantos del escuadrón con diez ó doce dragones de esos de gorra de pelo; y cuando vinieron á ayudarnos los nuestros nos dijeron que ya se había terminado todo.
Sin duda, Ganisch no se había enterado de los preparativos de Merino para la sorpresa del Portillo de Hontoria ni del desarrollo general de la acción.
—Y al día siguiente, ¿fueron ustedes á la Vid?
—Sí. ¿También eso le ha contado Eugenio?
—También.