—Lo que no le habrá contado, seguramente, será lo de la niña y lo del desafío.
—No. ¿Qué fué lo del desafío?
—Verá usted. Teníamos nosotros en la partida un muchacho joven que se llamaba Martinillo.
—¿Un pastor?
—Eso es. En ese día de Hontoria del Pinar murieron veinte ó treinta de nuestro escuadrón, y entre ellos Martinillo el pastor.
Al día siguiente marchamos á la Vid y no volvimos al alojamiento hasta quince días después. Al llegar á Hontoria, y al preguntar por la Teodosia, la viuda de Martinillo, supimos con pena que acababa de morir de sobreparto, dejando una niña, á la que se puso también Teodosia.
¡Y aquí se ve lo que son las mujeres de raras y de locas! Fermina la Navarra, que había tenido tanto odio por Martinillo y por la Teodosia madre, recogió á la niña y se fué á vivir con ella á una casa de Huerta del Rey. Los del escuadrón solíamos ir á verla alguna que otra vez; pero, sobre todo, Eugenio y un amigo suyo, llamado Lara.
Eugenio pensó en casarse con la Fermina y prohijar á la niña; pero como no estaba en el regimiento alistado con su nombre, era una cosa difícil.
La Fermina no pensaba mas que en la chiquilla.
Muchas veces le oí á Fermina que preguntaba á Aviraneta: