—Eugenio, si yo muero, no la abandonarás; ¿verdad?

—¡Yo abandonar á la Teodosia! Nunca—replicaba él.

Murió la niña, y la Fermina y Eugenio, que estaban muy amartelados, riñeron en seguida. Fermina volvió á vestir de guerrillera, y todos los días le armaba un escándalo á Aviraneta.

—Estamos ofendiendo á Dios con esta vida—le decía ella—. O te casas conmigo, ó nos separamos en seguida.

—Espera que acabe esto—contestaba él—. Habiendo dicho á la gente que estamos casados, va á ser un escándalo ahora si vamos á la vicaría.

Eugenio se hubiera casado; pero al ver el genio que iba tomando la otra, se espantó.

Fermina no pensaba de nuevo mas que en luchar, matar y pegarle fuego al mundo entero.


III
EL DESAFÍO