V
LA EVASIÓN

Estas páginas que siguen fueron escritas, como las primeras de este libro, en la Cárcel de Corte, de Madrid, en 1834 ó 1835. Aviraneta quiso dar á su narración un aire romántico. No en balde le habían prendido al mismo tiempo que á Espronceda y á García Villalta. Don Eugenio, sin duda, pensó en imitar á los poetas; en cambio, los poetas no quisieron imitar al conspirador, pues ambos estuvieron á cual más tímidos y asustadizos, y cantaron la palinodia al momento escribiendo una solicitud á la reina María Cristiana afirmando su inocencia y pidiendo gracia.

Aviraneta habla en sus cuartillas de un pueblo S*, que he supuesto que es Salas de los Infantes; se llama á sí mismo el joven prisionero, á Fermina la transforma en Elvira, y á Ganisch en Martín.

A las pocas páginas se olvida de sus propósitos novelescos y del joven prisionero y habla de sí mismo.

Yo he sustituído los nombres falsos por los verdaderos para que no haya confusión.

LA CASA DEL DUENDE

Cuando me llevaron preso llovía, llovía monótonamente. El campo estaba triste; la carretera, llena de charcos.

Veíase entre la bruma la línea alargada de los montes, y en el fondo aparecía Salas con sus tejados rojos, chorreando agua.

Salas de los Infantes está en tierra fría, rodeado de colinas pedregosas; tiene una iglesia con su torre cuadrada en un alto y su nido de cigüeñas.

Salas es pueblo serrano, de casas bajas, con las chimeneas muy grandes, hechas con trozos de teja, formando una eminencia cónica terminada por una caperuza de cuatro tablas, que en el país llaman la contera.