AL URBIÓN
Llevábamos media hora de marcha; habíamos avanzado con gran rapidez. La cuestión era ganar terreno. Al principio no teníamos más idea que alejarnos. Probablemente á la madrugada se darían cuenta de nuestra fuga y comenzaría la persecución.
Desde Salas, mirando hacia Soria, se ven primero los cerros de la Campiña; detrás los montes de la Demanda y de Neila, y á la derecha el pico del Urbión.
A la media hora de marcha el Gato me dijo:
—Pare usted, don Eugenio.
Paré el caballo.
—¿Qué pasa?—pregunté.
—Voy á bajar del caballo de usted, que se está cansando, y montaré en el otro.
—Bueno.
El Gato dió un salto, se agarró á la cintura de Ganisch y seguimos nuestra marcha al trote.