—Y usted es un chico. ¿A qué viene usted á Burgos?
—Vengo á hacerme guerrillero contra los franceses.
Ella se quedó asombrada.
—No lo diga usted en todas partes—me dijo—. Le pueden prender á usted. Los franceses tienen muchos amigos. Yo soy amiga suya.
—¿De verdad?
—Sí.
—Pues lo siento.
—¿Por qué?
—Porque son unos brutos.
La señora me preguntó quién era y de qué familia; yo se lo dije, y llegamos á la plaza. El carruaje se detuvo.