Se compraron muchos caballos de desecho del ejército francés, vendidos por defectos de poca monta.

Cuando llegó el tiempo de ir al campo, Arija se negó; en cambio el albéitar gascón, decidió desertar de las tropas imperiales y unirse con los guerrilleros que peleaban contra su patria.

Son los contrastes de la vida. El español no quiso ir y el francés sí. Montgiscard sacrificaba la patria á sus ideas legitimistas y antibonapartistas; en cambio, yo ponía la patria por encima de mis ideas revolucionarias, viviendo entre curas y frailes y demás morralla molesta y desagradable.

EN LA SIERRA

Montgiscard y yo salimos de Burgos llevando una carga de herraduras en un carro cubierto de paja, expuestos los dos, principalmente él, á ser fusilados sobre la marcha, y fuimos á Hontoria del Pinar, donde se hallaba por entonces don Jerónimo Merino.

Merino nos recibió muy bien. El director le había dado buenos informes de mí. Don Jerónimo deseaba que yo quedara adscripto á la parte burocrática de su partida, de intendente.

—Bueno, sí, señor—dije yo—; pero yo quiero, cuando venga la ocasión, pelear como todos.

—Bien, hijo, bien; pelearás como todos. ¿Sabes montar á caballo?

—Sí.

—¿Manejas bien las armas?