De los oficiales suyos, más de cuatro peleamos contra el cura después de la guerra de la Independencia: yo, con una partida suelta, en 1821; Páramo, en 1823, y Julián de Pablos, siendo coronel, en la guerra civil actual.
Yo, al principio, trabajé mucho. Me habían destinado á un escuadrón de pocas plazas, mandado por un ex mesonero, á quien llamaban Juan el Brigante.
El Brigante, al verme, dijo que él no quería en su escuadrón pisaverdes.
Dos ó tres de los guerrilleros que le rodeaban se echaron á reir; pero no siguieron riendo, porque les advertí que estaba dispuesto á imponerles respeto á sablazos.
A pesar de esto, el mote me quedó, y muchos en el escuadrón me siguieron llamando el Pisaverde.
No hubo más remedio que dejarlo, porque incomodarse era peor. Además, para muchos de ellos, el apellido Echegaray era de una pronunciación enrevesada y difícil.
El Brigante, á pesar de su mala disposición primera para conmigo, rectificó su concepto y hasta me ofreció su amistad.
Yo tenía vara alta en la oficina, y siempre que podía favorecer á mi escuadrón eligiéndole buenos caballos y armas, lo hacía.
Con las nuevas remesas enviadas por la Junta de Burgos al cura, y el ganado que se fué apresando en varias correrías, al mes y medio de la celebración de la solemne y decorativa Junta de San Pedro de Arlanza, la partida de Merino ascendía á trescientos caballos montados por jinetes provistos de excelentes armas.