Feroces, fanáticos, hubieran formado igualmente una partida de bandidos.

Estaban seguros de que si los franceses llegaban á cogerlos les tratarían, no como á soldados, sino como á salteadores. Su única idea era pelear, robar y matar.

Veían claramente los guerrilleros viejos que ellos habían tenido que resistir la parte más dura y peligrosa de la campaña, y que cuando la resistencia se iba organizando y llegaba el dinero, venían unos señoritos á quedarse con los galones y las estrellas; y pensando en esto les llevaban los demonios.

Para evitar las riñas nos mantenían separados. Yo, como he dicho, fuí á parar al escuadrón del Brigante.

JUAN BUSTOS, EL VENTERO

La historia del escuadrón se condensaba en la historia de su jefe, Juan Bustos. Juan había tenido, hasta echarse al monte, un ventorrillo en la calzada que va de Salas de los Infantes á Huerta del Rey.

Al llegar la invasión francesa, Juan Bustos comenzó á discutir y á disputar con los soldados imperiales que pasaban por su venta acerca de la cuestión candente de quién era el verdadero rey de España.

Poco á poco empezaron á motejarle de patriota, y como los franceses á todo el que se les manifestaba hostil le llamaban bandido, brigand, á Bustos le decían el Brigand.

El pueblo, que coge todo en seguida, castellanizó la palabra: llamó á Bustos el Brigante, y á su casa la venta ó el ventorro del Brigante.