Shakespeare: El Rey Lear.

A la señora que me contó el final de la Dávalos le pregunté:

—¿Y no fué a verla alguna vez el brigadier Castelo?

—No; ya hacía tiempo que se habían separado.

Un año después volvía de casa de Istúriz, una tarde de invierno, por la calle del Arenal, al anochecer, cuando me encontré con el Mosca, el revendedor.

Se me acercó, sin conocerme, a ofrecerme una localidad para el Real, y al fijarse en mí quedó inmutado.

—¿Le ha sorprendido a usted el verme?—le dije.

—Sí.

—¿Qué, pensaba usted que los que usted enviaba al Saladero ya no salían de allí?