El Cuervo tenía un perro tan malo como él. Era un perrillo viejo, sarnoso, que mordía a los chicos y gruñía a todo el mundo. El zapatero le había puesto por nombre Rodil, para expresar su desprecio por el general que había perseguido a don Carlos.
El remendón azuzaba a Rodil, que perseguía a los gatos. El perro era menos cruel que el amo: cuando cogía una rata la mataba; en cambio, el Cuervo, cuando cogía una rata la rociaba con petróleo y la pegaba fuego, riendo a carcajadas. El zapatero no faltaba a ninguna corrida de toros ni a ninguna ejecución.
El Chepa tenía una gran admiración y un gran respeto por el amo de la casa, don Tomás Manso, que había sido su jefe entre los voluntarios realistas.
El Cuervo se manifestaba como hombre de gran inteligencia y de astucia, sobre todo para lo que fuera intriga y maldad. Debía tener algún temor que le inquietaba, porque siempre andaba mirando, desde el portal, a derecha y a izquierda de la calle, y no salía nunca solo. Si salía solo, esperaba al anochecer y marchaba embozado en la capa.
En el entresuelo de la casa vivía un dependiente antiguo apellidado Gómez. Narciso Gómez era un hombre insignificante, gordito, tirando a rubio, casado con una mujer muy chismosa y muy coqueta que se llamaba Juana. Juanita era una mujer pálida, blanca, con los ojos claros y un aire de avispa.
Juanita tocaba la guitarra y cantaba. Solía tener grandes éxitos con la canción del Triste Chactas, que acababa con el estribillo de «Sin mi Atala no puedo vivir».
Juanita solía visitar una casa de huéspedes que había en la vecindad, y estaba enredada con uno que vivía allí de pupilo, un tal Luis, empleado en un Banco. Este Luis era un hombre guapo, de unos treinta años, muy satisfecho de su barba, de sus manos y de sus uñas. Fuera de sus cuentas, de los cuidados de su barba, de sus manos y de sus uñas, era un pobre imbécil.
Juanita le engañaba a Gómez, a su marido, con don Luis; pero si hubiera estado casada con éste, le hubiese engañado con Gómez.
Se decía por las malas lenguas de la calle de la Misericordia, 2, que Juanita había tenido algo que ver con don Tomás, el amo de la casa.