IV.
SOLEDAD

Non olvides la dueña, dicho te lo e desuso.
Muger, molyno e huerta syempre quieren el uso.

Arcipreste de Hita: Libro de Buen Amor.

A los tres meses de vivir allí, Miguel era un elemento importante de la casa. Las muchachas de don Tomás, doña Juanita, la Pepa de Burguillos, le buscaban y le hablaban. Se hizo amigo de don Plácido y fué con éste a visitar al cura don Bernardo y a oír sus sabias disertaciones históricas.

Iba Miguel con frecuencia a la casa de Burguillos y charlaba allí con la Pepa. Los desplantes chulescos de ésta no llegaron a entusiasmar al joven Miguel. Por otra parte, don Plácido le dió malos informes de la hija del manchego.

Don Plácido tenía poca simpatía por las mujeres, en general, y menos por la hija de su patrón, a la que acusaba de egoísta, de interesada y de coqueta.

Gómez, el empleado, le llevó también a Miguel algunos días a su casa. Narciso Gómez no le tenía simpatía a Rocaforte; pensaba que el patrón favorecería al joven por ser su sobrino. Mientras don Tomás no hizo la menor distinción por Miguel, Gómez tampoco la hizo; pero cuando vió que el muchacho entraba en la casa del principal, se apresuró a llevarle a la suya.

Juanita, la mujer de Gómez, coqueteó con Miguel y le dió broma por las conversaciones que tenía con la Pepa Burguillos. A su vez, la Pepa le dijo a Miguel que ya sabía que iba a casa de Gómez y que charlaba con la Juanita.