Al cabo de poco tiempo vino otro papel:

«En esa santa casa, hoy de la Sal, hay un Cuervo que debía graznar, ya hace tiempo, en el patio de un presidio. Ese Cuervo, mal zapatero, es un bandido, miserable y estafador, que engaña a todo el mundo, empezando por su amo. ¡Buena está la casa de la calle de la Misericordia, 2!

El duende.»

A los pocos días se recibió otro anónimo:

«En esa cristiana casa hay una Pepita que tiene dos cortejos a la vez: uno para los días de fiesta, y otro para los días de labor. Ahora la visita el cerdo del padre Cecilio. ¿Qué hace mientrastanto Burguillos? Burguillos calla y otorga. ¡Buena está la casa de la calle de la Misericordia, 2!

El duende.»

Por último, se recibió esta letanía, que decía así:

«Letanía para recitar en la casa de la Sal.

De la mansedumbre de don Tomás Manso,
De la gracia del Cuervo,
De las visitas de los padres franciscanos,
De los chismes de las monjas Clarisas,
Líbranos, Señor;
Del ceño de don Bernardo,
Del vientre del padre Cecilio,
Del contravientre del hermano Félix,
De la charla de don Plácido,
Líbranos, Señor;
De los ardores de la Pepita,
De los malhumores de Juanita,
De los cuernos del buen Gómez,
De los flatos de Burguillos,
Líbranos, Señor;

Líbranos, Señor, de tanto bellaco, de tanto cornudo, de tanta pécora como habita esa casa, Misericordia, 2. ¡Misericordia, Señor!