—Mi general—contestó el comandante Sanz—, parte de los milicianos se opone a retirarse.
—Se les desarma—dijo Quesada.
En esto algunos isabelinos se acercaron al grupo del general y sus amigos y comenzaron a increparles.
—¡Fuera los traidores!—gritó uno.
—¡Viva la Constitución de 1812!
—¡Viva la Niña!
—Quesada levantó el bastón en el aire con intención de descargarlo sobre la cabeza de los milicianos, que gritaban. La rabia de éstos se volvió contra él:
—¡Muera Quesada!
—¡Muera!
—¡Abajo los absolutistas!